DIPLOMADO CALIDAD DE VIDA

Director: Reinaldo Carreñó

Tiene por objetivo formar profesionales con los instrumentos apropiados para aumentar la calidad de vida de las personas. Privilegia la conjunción armónica de elementos teóricos y prácticos de modo que el alumno pueda realizar con efectividad talleres de desarrollo personal y asistir a pacientes. La experiencia indica que, muchas veces, las personas tienen una apropiada formación teórica pero no están capacitadas para ejercer en forma profesional. El énfasis del programa es que el alumno pueda ejercer en forma efectiva siguiendo un método probado en nuestra Escuela. Además de aplicar los conocimientos en su propia vida, aumentando su repertorio de conductas y de integrarse a un grupo de personas altamente motivadas en su desarrollo personal, los graduados quedarán habilitados, en el nivel de diplomado, para :

  • Asistir terapéuticamente a personas. (Incorporar el lenguaje terapéutico, enfrentar al cliente usando diversos instrumentos y métodos, organizar una consulta, etc.).
  • Realizar talleres de desarrollo personal como organizador o facilitador.
  • Autoterapia.
  • Desarrollar la profesión, cualquiera que sea, en la medida que se cuente con instrumentos para entender a las personas, en sus contradicciones y en su capacidad destructiva y constructiva.
  • Cumplir con mayor preparación el rol de padre/madre, pareja, educador o hijo.


CAMPO DE SERVICIO

El educador en calidad de vida posee un vasto campo de acción, prácticamente limitado sólo por su imaginación. En todas las áreas de la vida humana elevar la calidad, mejora el estado de algo, o elevar el nivel, es una posibilidad cierta, a veces necesaria y hasta urgente. Cualquier persona, si hablamos sólo en el ámbito individual, para desenvolverse en forma satisfactoria. La educación en calidad de vida es una profesión transdisciplinaria, es decir, atraviesa, por decir así, a otras profesiones aunque sin englobarlas, resumirlas, sintetizarlas o suplantarlas.

El educador en calidad de vida, profesional del Siglo XXI, es un líder que ofrece un "servicio de conexión" o "de pauta que conecta", con diversos aspectos de la vida de una persona, de una pareja, de una familia o de un grupo. La creciente especialización de las profesiones, y el aumento de las áreas de interés o de las obligaciones de las personas impiden, por ejemplo, tener una visión global sobre algunos aspectos fundamentales de su vida (Ej.: relación de pareja o laboral, normas de alimentación). También dificultan el tener el tiempo necesario para visitar a una serie de profesionales que, por muy bien intencionados y calificados que sean, van a dar una opinión o realizar su labor desde su ámbito de servicio, necesariamente restringido.

El educador en calidad de vida entonces posibilita, mediante su interacción con el pupilo, que este realice las conexiones corporales, mentales, espirituales y afectivas, que considere necesarias para gobernar su vida con mayor eficacia, que optimice los pasos a seguir, que realice lo necesario, dentro de un mundo cambiante, acelerado y exigente.

El educador en calidad de vida no es un terapeuta, ni un médico, ni un moralista, realiza una labor de pedagogía de vida, de filosofía sobre el vivir, donde puede existir conexiones con la educación, la espiritualidad y la salud. La vida tiene altibajos inevitables, disfunciones, crisis, que requieren de una asistencia, ya sea en el campo educativo, valórico, de salud o espiritual; la visión del educador es integral y eso es su gran fortaleza. ¿Puede ser necesario visitar un médico en determinada circunstancia? Ciertamente, pero a veces el médico podría no ver otro aspecto de su paciente, quizás no lo mire con detención a sus ojos y entonces no verá su pena, quizás le recetará un excelente fármaco, pero no verá que el paciente tiene un determinado hábito de conducta que lo llevará de nuevo a su consulta unos meses después, sin que se logre en definitiva una mejora auténtica o una alta calidad de vida sostenida.

Si el médico no es educador, y no lo es en la actual definición del paradigma médico, no diseñará estrategias pedagógicas destinadas al necesario cambio de hábito. O sea: si el médico no se siente además un educador no podrá realizar su misión a cabalidad. Cuánto esfuerzo se pierde si el médico desaprovecha la oportunidad de educar a su paciente. La labor médica no termina en la receta ni en el examen, unos minutos de "clase" pueden lograr mucho en pacientes receptivos a la autoridad del médico, lo que también se puede extender a las demás profesiones de la salud. Esta posibilidad extraordinaria la hemos trabajado con los alumnos del instituto y que pertenecen a estas profesiones. Unir SALUD y EDUCACION es la esencia de nuestra propuesta de Calidad de Vida como planteamiento profesional transdisciplinario, como profesión esencial del Siglo XXI. Si la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha definido que la orientación preferente de la salud es hacia la prevención, más barata y más efectiva, entonces los profesionales de la salud deben integrar la educación dentro de su paradigma. Y eso implica una toma de conciencia en las universidades que los forman.

El Educador en Calidad de Vida es un "entrenador de vida", un "asistente de sanación", "un pedagogo del aprender", para una serie de situaciones, experiencias u anhelos de su alumno, que, enmarcadas dentro de lo que llamamos las vicisitudes normales de una vida normal, (separación, nido vacío, crisis de pareja, desorientación profesional, menopausia, angustia espiritual, búsqueda de pareja, vacío existencial, disfunciones familiares, etc.) pueden ser enfocadas por el educador de modo que el alumno eleve su calidad de vida. Eso no significa que reemplace, como ya lo hemos señalado, al médico, psicólogo o siquiatra, incluso podría derivar a tal especialista si a su juicio, con los instrumentos profesionales que maneja, la persona necesitaría una intervención más específica por parte de dichos profesionales.

El educador no es tampoco un maestro de vida, como podría ser un gurí, un sacerdote, un rabino o un consejero matrimonial. (Puede ser un maestro de vida como una situación personal pero es otra cosa, en general llamarse a priori "maestro de vida" constituye una arrogancia mayúscula). Con seguridad tampoco es un moralista, pero puede mostrarle al alumno, algunos aspectos, como conductas disfuncionales, inapropiadas para su salud integral o para la vida de otros de las que es necesario tomar conciencia.

Puede además hacer ver al pupilo si fuera el caso las contradicciones flagrantes que comete en relación con su propia doctrina de vida o religión. Puede también ayudar a diseñar alternativas que necesitan ser modificados. Sería más parecido a un entrenador a una persona que facilita que el alumno logre sus metas o corrige aspectos de los que está consciente que necesita corregir o incluso ayudar a que se visualice precisamente aquello que se necesita modificar. A veces la obviedad es lo que más cuesta ver. No ver lo obvio es una de las primeras manifestaciones de la neurosis. Lo que es obvio para casi todo el mundo, respecto de la conducta de la persona, no lo es precisamente para la más interesada: ella misma.

Como el cuento de "El Traje Nuevo del Emperador". El miedo a no parecer inteligente nos puede hacer andar desnudos por la calle creyendo que estamos bien vestidos. Y el resto de la gente nos sigue el juego por el mismo temor. (La fuerza que mueve al mundo para atrás, hacia la involución, es el temor al ridículo). Pero en el fondo la mitad del mundo se burla de la otra mitad mientras alabamos el traje. La mirada ideal del educador en calidad de vida es la mirada del niño, en el sentido de inocente, de limpio de prejuicios, para advertir que el rey va desnudo. Como nos señala nuestra maestra la Dra. Schnake: "La sabiduría es la inocencia después de la experiencia".

Un caso muy especial es este de las contradicciones en que caemos los humanos en relación con nuestra propia doctrina de vida o religión, es decir la relación entre el discurso y su acción. El ser humano es en esencia contradictorio, y por lo mismo sus doctrinas, sus iglesias, sus teorías, sus ideo facturas en suma, son contradictorias. Tenemos una inmensa capacidad para analizar tantos hechos, incluso para ver las imperfecciones de los demás. Pero una de nuestras más grandes limitaciones, una especie de área ciega, de ceguera cognitiva, es no advertir cuando con nuestra conducta borramos de una plumada nuestras bellas y elevadas doctrinas. En esta sociedad supuestamente católica o cristiana, doctrina basada en la redención por el amor de Dios y la certeza de la resurrección por medio de la fe, la inmensa mayoría de los así llamados católicos le tienen el más feroz terror a la muerte. Como me decía uno de mis maestros: "Todo el mundo quiere irse al cielo pero nadie desea morirse". (Yo agregaría: "Ni menos llegar a viejo").

Existen personas que aprendieron en su infancia que tenían el poder de perdonar y que rezan casi todos los días el Padre nuestro el cual señala: "Perdónanos nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden", que acumulan rencor por años incluso contra personas que dicen amar y afirman en forma enfática: "No soy Dios para perdonar".

· Hay personas que fueron enseñadas en la pobreza de Jesús y que en cada ser humano está el rostro del Señor, pero miran en menos a su prójimo, y no están dispuestas a competir lealmente con ellas, le niegan oportunidades educativas y por supuesto no desean relacionarse con personas de clases "inferiores", las ignoran, y hasta desean que se mantengan en su relación de dependencia y de marginalidad para sentirse importantes.

· Hay otras que se llaman cristianas pero justifican torturas, persecuciones y crímenes atroces, absolutamente contrarios al espíritu de amor incluso con el enemigo, porque así creen que se defienden sus intereses económicos o políticos. Cuesta entender, y menos aceptar que en nuestra sociedad así llamada cristiana, civilizada o democrática, tantas y tantas personas nieguen dichos valores en su conducta cotidiana. Cuesta creer pero así ha sido hasta ahora, que cuando están en juego los intereses políticos o económicos, sobre todo estos, las doctrinas se usan para justificar los crímenes. Recuerdo a Miguel Servet que era médico y teólogo, quien fue quemado en la hoguera con la anuencia de católicos y protestantes: "Matar a un hombre para defender una doctrina no es defender una doctrina sino matar a un hombre".

Nuestra sociedad tiene altos componentes de contradicción, hipocresía, condena y venganza y en la medida que tomemos conciencia podremos remediarlo, Y conste que de ninguna manera postulamos una conducta íntegra, obsesiva por la verdad y la rectitud, porque ya señalamos en otras obras lo terrible que pude ser, también, la obsesión por la rectitud o la verdad (Ej. "La Mentira").

Estas y muchas otras manifestaciones contradictorias son los hechos, el educador requiere facilitar dicha toma de conciencia, no a partir de sus propios valores o doctrina, sino respecto a la consecuencia de la persona con sus valores o doctrinas. Porque si se diera cuenta de eso tendría la oportunidad de renunciar a su doctrina, o de cumplirla.

La idea es pasar de las formalidades al fondo: ser cristiano, masón, o demócrata convencido y no de los dientes para afuera. Recordemos al Dalai Lama "No deseo convertir a malos cristianos en malos budistas". Conocedor de la contradicción humana el simplemente dijo que en vez de eso esperaba que esos cristianos indecisos, pusilánimes, formales, se conviertan en verdaderos cristianos. Yo lo diría: en personas honestas.

El educador está consciente que somos una especie en evolución y que de ninguna manera hemos alcanzado la plenitud de nuestra evolución. Según Teilhard de Chardin estamos recién iniciando la evolución de la noosfera, de la conciencia. Quizás nos falten aún no miles, sino millones de años, para terminar nuestro ciclo evolutivo. Si aún tenemos marcada la impronta del paleolítico, (miedo, emociones no canalizadas, tecnologías de subsistencia, animismo) imagínense cuánto nos falta. Si juzgamos los hechos como que somos una especie acabada, seríamos el fracaso más grande del Universo. Estamos en devenir, faltan muchos siglos, quizás más de los que deseamos, para que, eventualmente, porque tampoco hay seguridad, nos convirtamos en una especie verdaderamente fraterna, pacífica, y sobre todo; generosa y compasiva. Las criticas y los resentimientos que tenemos contra nuestras propias imperfecciones y nuestras contradicciones, parten de la base que somos un "producto acabado", pero en verdad aún estamos en bruto, y las religiones o las doctrinas morales son, por importantes que parezcan, aún débiles linternas en la larga oscuridad del peregrinaje humano hacia su propia evolución.

Eso significa que somos los coadyutores en la construcción del cielo. También podríamos decirlo para el infierno. De ahí la compasión con nosotros mismos y con todo miembro de nuestra especie y toda forma de vida. Porque la vida toda, y los universos todos, están en evolución. Dios, la Suprema Fuente, nos dejó a medio camino, nos dio un programa básico para actuar en algunas áreas básicas como nuestra propia capacidad de reproducirnos, de trabajar y nos otorgó inteligencia, Y nos deja la tarea de seguir perfeccionándonos, aunque "estará con nosotros hasta el final de los tiempos". Por eso que necesitamos diseñar los planos de nuestra propia evolución. En ese sentido tenemos más suerte que los ángeles que nada pueden hacer por su evolución.

El educador puede facilitar el proceso de toma de conciencia de su pupilo sobre algunas formas inapropiadas, es decir que le causan malestar, pena o infelicidad manifiesta y proveer los instrumentos, las metodologías, y las herramientas, para que el pupilo realice un proceso de aprendizaje. El educador puede realizar su labor en la consulta privada, en la realización de talleres o en la asesoría a instituciones, sólo, o en equipo. También puede realizar, investigación, (y publicar textos, separatas y libros) y, docencia para la formación de nuevos educadores.

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