Ximena Santa Cruz Bolívar
Psicóloga Universidad de Chile
SANTIAGO DE CHILE
Isabel La Católica 3828- LAS CONDES
FONO: 056-02-4187265
El abuso sexual repetido o incesto posee etapas que son vividas no solo por el niño y el abusador sino que está además involucrado el resto de la familia, que no es capaz de proteger y brindar el cuidado debido al menor. En este sentido se debe señalar que detrás de un abuso intrafamiliar hay un estilo de relación familiar que está funcionando mal, ya que tiene que compensar los problemas en la relación de pareja con el abuso al menor. En este sentido se puede hablar de familias abusivas ya que por acción u omisión todos están avalando el secreto. Este secreto permite equilibrar el desequilibrio que producen los problemas a nivel de la pareja, que se vive al interior de la familia. Esto a costa del pequeño que sufrirá serios daños en su desarrollo.
Los actos de abuso sexual al interior de la familia tienen tres fases o etapas que van marcando el avance del abuso desde actos de aparente jugueteo hasta la relación sexual.
A continuación se describen las etapas del abuso:
1.- La primera etapa consiste en establecer una relación
de confianza y dependencia entre el niño (generalmente
niña) y el abusador. Este es el período
en que el abusador presenta los actos de abuso sexual
como un juego, aparentemente normal y sano entre padre
e hija. En esta etapa se prepara el terreno y se elige
el lugar y momento para comenzar el abuso.
2.- La segunda fase consiste en el comienzo de los actos de exhibición en los cuales el abusador se preocupa de mostrar sus genitales al niño o niña, de manera muy notoria. El proceso continúa después masturbándose frente al menor, tocarlo o pedirle que lo estimule con la boca, para después penetrar con los dedos el ano o la vagina de la niña. La penetración propiamente tal o la relación sexual se da después de un tiempo que el abusador ha avanzado en esta etapa.
3.- La última etapa es la etapa del secreto que consiste en que el abusador convence a la víctima del peligro que existe para ella si le cuenta a alguien lo que pasa ente ellos. Esta fase comienza al mismo tiempo de la anterior. Los abusadores usan todo tipo de trucos para convencer a las víctimas de las consecuencias que tendrá para todos el contar lo que pasa, que van desde hacerla sentir culpable y que nadie le va a creer hasta hacerles ver el daño que le provocarán a la madre si ella se entera, o el intercambiar el silencio por permisos favores o privilegios hacia el hijo abusado. Todos estos mecanismos permiten la mantención del abuso en el tiempo y lo hacen invisible a simple vista. Esta fase se hace difícil de mantener cuando la víctima comienza a sentirse culpable de recibir estos favores, especialmente cuando se trata de adolescentes. Este es el punto en el cual se desequilibra la familia y puede que el abusado cuente a alguien que vive abuso (médicos, profesores, u otra persona de confianza para el niño o joven.)
En los casos de abuso por parte de alguien externo a
la familia los niños también son envueltos
a través de amenaza de daño hacia él
o ella o a sus familiares cercanos si es que se sabe
lo que pasa entre el abusador y la víctima.
Sin embargo la situación permite menos chantajes emocionales
que en el caso del abuso intrafamiliar, en el cual el abusador
es una figura querida y respetada por el niño. Un abusador
que no pertenece a la familia debe valerse de la fuerza y temor
para lograr que el niño mantenga oculto el abuso, y
ello provoca un evidente rechazo hacia la situación.
En el abuso al interior de la familia hay más sentimientos
encontrados o ambivalentes que permiten que se sienta el abuso
como un permiso excesivo en una relación de afecto entre
hija y padre.
Las madres de las familias en las cuales hay abuso sexual provienen
generalmente de familias en las cuales ellas eran víctimas
de abuso por parte de un adulto. En general las mujeres que
han vivido este tipo de experiencias no son capaces de tomar
partido por los hijos abusados, tal como lo hicieron sus madres
con ellas, y prefieren ser buenas esposas, más que buenas
madres. El típico ejemplo de ello es el caso de la madre
que hace la vista gorda ante el abuso sexual de su pareja,
hacia la hija. Ella prefiere hacerse la desentendida con el
tema para no perder a su pareja, o prefiere no creerle a su
hija que le dice que el padrastro abusa de ella.
En este sentido se puede decir que las mujeres de estas familias son más esposas que madres, frente a sus hijos. Sin embargo las relaciones de pareja que intentan cuidar no las hacen felices ya que están constantemente dejándose llevar por las demandas del marido o pareja o están constantemente en pelea con él, para mandarlo a él. Ninguna de estas alternativas los hace sentirse queridos y comprendidos por el otro y el primer aspecto que se ve afectado es la vida sexual. Esta mala relación a nivel sexual es la que los abusadores intentan compensar con las hijas.
Articulos: Artículos y entrevistas en torno a la epistemología, teoría del conocimiento y nueva ciencia. Biología del amor, PNL, pensamiento holístico.
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