BACON, ROGER

(1214-1294) Monje, filósofo y alquimista inglés. Nacido en la pequeña población británica de Ilchester, Bacon constituye una figura eximia del saber medieval, al que incluso la Iglesia Católica habrá de honrar con el título de Doctor admirabilis.

Estudió en Oxford y París, universidades ya importantes en su época, llegando a ser profesor de teología en aquella última, de 1240 a 1247.

Ingresó en la orden franciscana, a los treinta y seis años de edad, y se dedicó al estudio de la filosofía, las lenguas y las ciencias.

En 1250, estando todavía en París empezó a interesarse por la alquimia* a la que daría un considerable impulso. Se dice que fue por esa época cuando logró encontrar la piedra filosofal*. Su profundo conocimiento de las ciencias le permitía realizar lo que sus discípulos consideraban como auténticos prodigios (encender fuego mediante cristales de aumento, por ejemplo). Pero su innata condición de investigador habría de ser la causa de su posterior enfrentamiento con la autoridad eclesiástica.

Bacon sustentaba la idea de que el conocimiento era la consecuencia de una impresión directa sobre el espíritu. Dios había revelado a los primeros hombres no sólo los principios religiosos y morales, sino también las ciencias que serían sumamente necesarias para la organización de la vida social. En este sentido Bacon admite un tipo de iluminación primitiva, que resulta común a profetas y filósofos, y que contiene la esencia de las leyes y de la filosofía. En sus tres obras principales Opus maius, Opus minus y Opus tertium hace una denuncia frontal de la ignorancia que atenaza al ser humano, y se extiende en un alegato de la ciencia y la Naturaleza. Es necesario saber tratar la materia, lograr la transmutación y avanzar en la Gran Obra.

Las tres obras mencionadas convertían a Bacon en un auténtico sabio, en una especie de inspirador de futuros descubrimientos, sin descartar que toda su obra anticipaba en muchos siglos el espíritu fáustico. Distingue cinco ciencias principales: los idiomas, las matemáticas, la óptica, la física práctica y la filosofía moral. La física práctica englobaba la alquimia, a la cual dedicó todo un tratado, el Speculum alchemiae. En este texto establece una clara distinción entre la alquimia especulativa y la operativa, incluyendo en esta última la transmutación de los metales. Por lo que respecta a la alquimia práctica afirma que una simple porción de metal vulgar puede ser trasformado, con ayuda del elixir, en «mil veces mil porciones de oro». Creía también en la fuerza de las fórmulas de encantamientos, y en los signos, conocía la sugestión y, probablemente, el fenómeno hipnótico.

Se ha considerado frecuentemente a Bacon como el «inventor» de la ciencia experimental. De hecho escribió una «Scientia que forma parte de su tratado Opus maius. Según Jacques Sadoul, Bacon quiso aplicar a todas las ciencias la filosofía alquímica que plantea el concepto de la penetración divina en las operaciones materiales. La experiencia es para Bacon de naturaleza doble: la que se puede adquirir a través de los sentidos, y la experiencia interior que tiene en cuenta la influencia de la divinidad sobre los seres y las cosas.

El hecho de que Bacon hablase de los secretos de la materia, que ahondase en los entresijos de la Naturaleza, y que sustentase principios que iban en contra del riguroso orden establecido por la jerarquía eclesiástica constituían faltas imperdonables. Así pues se le consideró un rebelde y las autoridades de Roma no tardaron en tomar serias medidas contra él. El papa Urbano IV* le prohibió toda actividad docente y terminó encarcelándolo. Clemente IV lo mantuvo en prisión durante años, y sólo a su muerte pudo el sabio abandonar el calabozo.

La persecución que padeció Bacon durante años, fue debida en gran parte a sus métodos científicos, pero también, y no en menor medida, al tipo de materias por las que se interesaba, y a sus categóricas manifestaciones. Así, por ejemplo, afirmaba que no se podía trazar una clara separación entre el universo de la ciencia y los dominios de la magia. A este respecto decía, muy acertadamente, que la oración pertenecía a este último campo.

Aunque gran parte de los libros de Bacon están escritos en un lenguaje críptico, a fin de que sólo pudieran comprender su íntima esencia los iniciados, toda su obra se encuentra llena de grandes inspiraciones y de un mensaje liberador y novedoso que tiene muy poco que ver con lo que se escribía en su época. El fuego que ardía en el corazón y en la mente de Bacon tenía que quemar inevitablemente los convencionalismos del tiempo en que le tocó vivir. No obstante, en su lecho de muerte confesó que se arrepentía de haberse agotado tratando de aniquilar la ignorancia.

Símbolos o conceptos simbólicos utilizado en esoterismo o religiones.