FATALIDAD

FATALIDAD

La fatalidad, tal como vulgarmente se la comprende, supone la decisión anticipada e irrevocable de todos los sucesos de la vida, cualquiera que sea su importancia.

Si este fuese el orden de las cosas, el hombre sería una máquina sin voluntad.

¿De qué le serviría su inteligencia, puesto que estaría invariablemente dominado en todos sus actos por la fuerza del destino ? Si semejante doctrina fuese verdadera, sería la destrucción de toda libertad moral; no existiría responsabilidad para el hombre, y por consiguiente, ni bien ni mal, ni crímenes, ni virtudes.

Dios, soberanamente justo, no podría castigar a su criatura por faltas que no dependía de ella dejar de cometer, ni recompensarla por virtudes, cuyo mérito no le correspondería. Semejante ley le sería además la negación del progreso, porque el hombre que todo lo esperase de la suerte, nada intentaría para mejorar su posición, puesto que no sería ni de mejor ni de peor condición.

Sólo en lo que respecta a la muerte está el hombre sometido a un dominio absoluto de la inexorable ley de la fatalidad, porque no puede sustraerse al fallo que fija el término de su existencia, ni al género de muerte que debe interrumpir su curso.

Término relacionado con magia, amuletos, sistemas oraculares.