JULIANO EL APÓSTATA

Juliano el Apóstata (331-363) Flavio Claudio Juliano, más conocido por el apelativo que le dieron los cristianos de el Apóstata, fue emperador romano del 361 al 363.

Sobrino del emperador Constantino, Juliano se educó tanto en la tradición romana como en la cristiana, si bien se sintió más atraído por la antigua visión del mundo que le enseñó su preceptor, el filósofo Libanio. Como último emperador no cristiano, intentó restablecer la tolerancia religiosa, negando, a la vez, el apoyo imperial a cualquier facción religiosa.

Había, a su elevación al trono, continuas disputas y alborotos entre los distintos grupos cristianos.

Juliano quiso poner fin a estos desórdenes, ordenó que regresaran cuantos habían sido perseguidos por sus creencias no cristianas, y restableció la libertad de cultos, sin apoyar en absoluto a los sectores que seguían la hasta entonces nueva religión oficial.

Juliano jamás ordenó persecución alguna contra el cristianismo, ya que, como él mismo escribió, quería que existiese una clara libertad de cultos. Prefirió los métodos de la razón, la persuasión y aun la sátira.

Eliminó, eso sí, los beneficios y predicamentos de que gozaban los estamentos cristianos en el Imperio, dado que éstos habían «exterminado comunidades enteras en Samosata y en Paflagonia, de los calificados como herejes; saqueando y arrasando las aldeas de muchas tribus de Bitinia y Galacia. Yo, en cambio, he puesto fin a los destierros y he devuelto las propiedades confiscadas». Estas medidas causaron una reacción inmediata en muchos cristianos, que consideraron que el emperador era la encarnación del mismo demonio. Querían monopolizar la definición de la fe, y el emperador les dificultaba sus pretensiones.

Así las cosas, Juliano prohibió la enseñanza pública del cristianismo, favoreciendo los nombramientos de paganos para los altos cargos.

Hombre de ideas religiosas peculiares, intentó organizar ritos y una nueva religión solar. Estableció una iglesia helenística, con la que pretendía equiparar los cultos paganos al creciente cristianismo.

Fue hombre amigo de la magia y del hermetismo que vinculó a su nueva religión. Creía en la teurgia*, última escuela importante del pensamiento pagano, según la cual los creyentes podían comunicarse de forma directa con la divinidad, e incluso lograr una unión mística con ella.

Juliano fracasó en su intento, muriendo a los treinta y dos años. Le sucedió Joviano, católico ferviente, que volvió a imponer el culto cristiano y dejó que se creara la leyenda de su «diabólico» predecesor.

Concepto usado en el contexto del catolicismo y la Iglesia Católica