SACRIFICIO DE SÍ MISMO

SACRIFICIO DE SÍ MISMO

Uno de los deberes más elevados del teósofo es el propio sacrificio, o sea el dar a los otros más que a sí mismo.

Este rasgo altruístico es lo que ha distinguido de una manera tan preeminente a Buddha, a Jesús y otros de los más grandes Maestros de la humanidad, y que por sí solo ha bastado para granjearles el respeto y agradecimiento perpetuos de las generaciones sucesivas.

Pero el propio sacrificio debe practicarse con discernimiento, puesto que si se ejecuta de un modo injusto y a ciegas, sin considerar las consecuencias, puede a menudo no sólo resultar vano tal acto de abnegación, sino hasta perjudicial.

No hay que olvidar que una de las reglas fundamentales de la Teosofía es la justicia consigo mismo, considerándose como una unidad de la humanidad colectiva, no más que los otros, pero tampoco menos, excepto cuando, gracias al sacrificio de uno mismo, podemos beneficiar a muchos.

Nadie tiene el derecho de dejarse morir de hambre para que otro pueda alimentarse, a no ser que la vida de este último sea más útil, a muchos que la suya propia; pero es deber suyo el sacrificar su propio bienestar y regalo, y trabajar por los demás si éstos son incapaces de hacerlo por sí mismos.

La Teosofía practica la abnegación, el sacrificio de los propios afectos e intereses, porque el altruísmo es una parte integrante del propio desarrollo; pero no el sacrificio temerario e inútil, ni tampoco justifica el fanatismo.

(Clave de la Teosofía, págs. 237 y siguientes, 2da. Edición inglesa).

Teosofía: definiciones usadas en teosofía, su interpretación del sánscrito y de las religiones de la India.
La presente definición debe ser entendida en este contexto por la particular orientación que la teosofía le da.