EL CUERPO AMOROSO: Un enfoque desde la Biosíntesis

Dra. Liliana Acero 1

Introducción

La división corazón-pelvis

Del estereotipo al cuerpo amoroso

La unión pelvis-corazón

La reintegración entre el corazón y la pelvis

La reintegración entre el corazón y la pelvis

En el proceso psicoterapéutico se busca la reintegración entre el "corazón de niñas y la pelvis de grandes". Suele ser un camino con muchas lágrimas, aunque también con mucha alegría. La estrategia consiste en trabajar conjuntamente: algunos días con el contacto amoroso temprano, y la limpieza del miedo y la tristeza. Otros, con la canalización de la gran potencia pelviana hacia el momento actual.

En muchos casos, estas mujeres han sido abusadas sexualmente en diferentes grados: desde la seducción simbólica al abuso sexual, con diferentes grados de relaciones incestuosas. Por eso, el proceso de recuperación de su cuerpo amoroso suele ser "lento pero seguro". Cualquier ritmo vegetativo que se recupera o se expande genera mucho miedo: pánico. Sin embargo, una vez que se reintegra, pasa a armonizarse con los otros ritmos corporales con cierta facilidad.

Los hombres que mencionamos, integrando corazón y pelvis, pueden llegar a ser grandes ejecutores, productores de obras colectivas, organizadores. Cuentan generalmente con un monto energético para ello; es cuestión de ayudarlos a integrar su vulnerabilidad con su potencia, a sentir en el alma la resonancia con el dolor ajeno, a poder expresar compasión consigo mismo y con sus progenitores.

Las mujeres, luego de integrar sus corrientes afectivas con la sexualidad genital, podrán crear: niños, redes de solidaridad femenina, producción artística o profesional y, sobre todo, integrar su potencia a los varios roles que la mujer cumple aún hoy día.

Ambos desarrollarán un comportamiento amoroso más igualitario y democrático, en varias áreas de su vida y quizás lo más importante, ambos podrán sentir de manera más total. Estos cambios, sin embargo, presuponen una transformación corporal fundamental y, como dijéramos antes, no en un sentido estético sino vital. Cuando el cambio es auténticamente vital, la autorregulación corporal se restablece. Las zonas frías de los cuerpos sin sentimientos o sobrecargadas, semi-muertas, se transforman. De la mirada punzante se pasa (en los mismos ojos) a la luz de la ternura y la profundidad. El calor pasa a ser una presencia muscular permanente. Los cuerpos irradian energía y pureza, surge una nueva belleza. Se facilita la conexión espiritual con otros seres humanos, con la humanidad como un todo y con la naturaleza. La potencia orgástica pasa a manifestarse como "potencia cósmica" en un doble sentido: el social y el natural.

Hay mucho para hacer con la "amorosidad" de nuestros cuerpos. Estamos recién comenzando.