CAMBIANDO HACIA LA SABIDURIA
Y LOS NIVELES DE PERFECCION

por ENZO COZZI

La epistemología del aprendizaje de Gregory Bateson y el aporte de otras culturas

Crítica de la información pura: el nivel cero del aprendizaje

El dilema del garrote y la zanahoria: Aprendizaje I

El sello de lo humano: Aprendizaje II y "aprender a aprender"

Aprendizaje III: crítica de la curiosidad práctica

Reflexiones sobre el tercer nivel de aprendizaje y la cultura Mapuche

Crítica de la información pura: el nivel cero del aprendizaje

Bateson denomina "Aprendizaje Cero" a la mera "recepción de información, sin que se produzca cambio en el receptor. Este nivel incluye todos aquellos casos en que la reacción ante eventos o estímulos externos es invariable y altamente estereotipada." (Bateson 1987, 284).

En ese caso no hay aprendizaje. El aprendizaje es cero, porque sólo se recibe información, sin que se transforme la persona, ni su acción, en el sentido de pensar o conducirse de modo original y distinto de lo rutinario. Por ejemplo, si lo único que los alumnos de un segundo medio hacen con la información recibida en las clases de historia, es acopiarla para responder pruebas -como hacen de pequeños- según Bateson no han aprendido nada. Por bien que contesten las pruebas, sólo repiten información, y, sobre todo, repiten conducta sabida y aprendida años luz atrás: usar la información para rendir pruebas. Pero aprender es transformarse, transmutar la información en nueva organización vital y en acción original (incluyendo acción pensante, actos nuevos de pensar).

Pero -se lamenta Bateson- "comúnmente se suele aplicar el término "aprender" a ese tipo de aprendizaje cero, es decir a la recepción de información desde un evento externo ["una clase de historia" por ejemplo] de forma que todo nuevo evento similar ["otras clases de historia"] sólo entrega el mismo tipo de información, que es usado sólo dentro del mismo marco estereotipado de acción [responder las pruebas]." (Bateson 1987, 284). Este mal uso del término proviene de un horizonte cultural que considera el resultado del aprendizaje como una "cosa". Esa cosa son los "conocimientos", que se depositan en el cerebro como dinero en una cuenta, con las pruebas como contabilidad (pues miden "cuanto" se sabe). Para Bateson, los cambios producidos por el verdadero aprendizaje no se manifiestan en nuevas "cosas" que se saben dentro del cerebro, sino en nuevas capacidades (incluyendo capacidades pensantes) manifestadas en la acción y, sobre todo -afuera del cerebro- en la interacción.

La lógica es incontestable. Si el almacenamiento en el cerebro constituyera aprendizaje, las computadoras "aprenderían" cada vez que se guarda en el disco duro, "aprendería" el cuaderno con cada nuevo apunte, y hasta "aprendería" el silo con cada saco de granos desparramado en su interior. Pensar así, es confundir "memoria" (un principio pasivo) con "aprendizaje" (un principio activo). Es un error lógico equivalente a confundir "comida" con "alimentación", es decir imaginar que alimentarse no consiste en transformar alimento en energía, sino en almacenarlo en el estómago. Una lógica rigurosa nos lleva a la conclusión inversa en ambos casos. Así como una señal de un proceso sano de alimentación es la excreción de los desechos inservibles (¿un 80 % o más del volumen ingerido?), una señal de un proceso sano de aprendizaje no es una gran memorización, sino un abundante olvido. Esta conclusión parece paradojal, y sin embargo es lógicamente necesaria y diría que fundamental.

Reflexionemos. ¿Qué le señala el olvido a la pedagogía dominante? ¡Ausencia de aprendizaje!