FAMILIA Y ESCUELA: ESPACIOS PRIVILEGIADOS PARA EL APRENDIZAJE

Ximena Santa Cruz Bolívar

Cultura Patriarcal: "Pinky y Cerebro a la conquista del mundo".

En nuestra actual forma de vivir, estamos acostumbrados a relaciones humanas que niegan y excluyen a los otros. Esto se aprende a través de la socialización y la convivencia con los demás. En la relación con el mundo adulto los niños imitan o reconocen ciertas conductas como deseables o exitosas en las relaciones con los otros. Es así como se nos hace natural por ejemplo aceptar como valor el poder. Un ejemplo gráfico de ello es la caricatura "Pinky y Cerebro", donde el protagonista un niño inteligente busca "… conquistar al mundo".

Este tipo de ideología inunda los programas televisivos infantiles y adultos. Todos estos retratos animados o de comedias tipo series representan, irónicamente, el estilo con que se vive en occidente. El estilo en que el poder organiza la manera de vivir. El poderes desde esta acepción, la capacidad de ejercer dominio sobre otros, de sentirse un escalón más arriba en el acceso a "la Verdad" o "lo Correcto". Desde esta óptica se acepta la fuerza como medio de resolver los desacuerdos o para lograr que el otro que está "equivocado" se adapte a nuestras demandas. Lo vemos todos los días en nuestra vida cotidiana e influye de sobremanera en nosotros.

El sistema cultural que sostiene estos valores y creencias acerca del poder y la fuerza, corresponde a una concepción de las relaciones humanas particular, en la cual predominan valores como: el dominio y control sobre los otros, la aceptación de la guerra como medio para defender principios y la valoración de la competencia como modo natural de convivencia y hasta como virtud o valor.

En esta concepción o entendimiento el pensamiento es lineal y se vive en la exigencia de sumisión a la autoridad en la negación de lo diferente. Las relaciones interpersonales se basan en la autoridad, el control y la obediencia.

Este sistema de creencias o epistemología, ha guiado a la cultura occidental originando un estilo muy particular de relaciones sociales y personales que ha sido identificado peyorativamente como machismo (Gissi, 1987). Sin embargo la palabra machismo connota un dejo descalificador, por ello es preferible usar la denominación "cultura Patriarcal" reacuñada por Humberto Maturana y Gerda Verden-Zöller (1993).

El surgimiento de esta concepción de mundo y sus consecuencias para la vida de la cultura occidental europea -de la cual somos herederos- estaría relacionado con el surgimiento de la cultura patriarcal. Según el biólogo chileno Humberto Maturana la aparición del pastoreo permitió la apropiación de los animales. Al apropiarse de los animales el hombre impidió el acceso a los lobos y otros predadores excluyéndolos de su espacio normal de alimentación hasta el punto de matarlos, ya que constituían una amenaza para la cría y pastoreo de los animales. Pasa a transformarse entonces en el enemigo. El cambio emocional involucrado en este acto de exclusión es lo crucial, y constituye para Maturana el surgimiento de la cultura patriarcal, que desplazó a la antigua cultura agrícola matrística.

La cultura patriarcal surge entonces, en la apropiación, la enemistad, y la negación del otro como un interlocutor válido, (Maturana, 1991).

Otros historiadores asocian el surgimiento de la cultura patriarcal a la necesidad de crear sociedades centradas en la guerra y la defensa de las invasiones por parte de otros pueblos, en los que se valoraba la presencia de hombres que serían guerreros. En esta concepción las mujeres tendrían su valor en tanto producen varones aptos para la guerra. La guerra y la presencia del enemigo constituirían el foco de la existencia y organizarían el modo de vivir producto de la necesidad de preservar la cultura del pueblo, la etnia o la tradición en que se ha co-existido hasta ese momento.