FAMILIA Y ESCUELA: ESPACIOS PRIVILEGIADOS PARA EL APRENDIZAJE

Ximena Santa Cruz Bolívar

La Cultura Matrística o las Historias de Asterix y Obelix

Si nos situamos en la historia europea, se cree que las antiguas culturas celtas, eran en sus inicios matrísticas, con todos los componentes emocionales y relacionales (ver ecovisiones 6) propios de una cultura de respeto y colaboración –recordemos las historietas de Asterix y Obelix un pueblo celta denominado galos por los romanos-. El resto de las culturas fueron invadidas por los linajes patriarcales con las migraciones, y fueron asimilados a esta cultura patriarcal.( Maturana y Verden-Zöller, 1993).

Así las relaciones con el mundo natural se desplazan desde la confianza en la armonía espontánea de toda la vida, propia de la cultura matrística, a la desconfianza en esta naturaleza y un deseo por el dominio y el control de la cultura patriarcal. Desaparecen las divinidades ligadas a los procesos de la naturaleza (o religiones politeístas de inspiración Druida) y surge la noción de un solo Dios, omnipotente, castigador que domina todas las cosas y dictamina sus preceptos.

Otro aspecto característico de la cultura patriarcal, es que determina ciertas pautas y creencias respecto a los roles para hombres y mujeres (roles sexuales o roles de género). Estos roles que surgían de la colaboración y la complementariedad en la convivencia en pareja de lo matrístico, en la cultura patriarcal son definidos en base a la concepción del control y la subordinación al patriarca.

Si bien no aparece una oposición intrínseca entre hombres y mujeres se subordina la mujer al hombre desde la apropiación de la procreación como un valor. (Maturana y Verden-Zöller, 1993). Este último aspecto está muy arraigado en los países latinos, donde se han rigidizado los roles de hombre y mujer, a la noción de control, obediencia y sumisión de la mujer ante el varón, de modo genérico.

Este aspecto ha sido ampliamente discutido por los movimientos feministas y ya estamos en proceso de comenzar a aceptar la idea de que dichos roles pueden ser menos rígidos y se pueden compartir tareas al interior de la familia. Sin embargo, a nivel más global persiste la tendencia a la negación de la mujer como un interlocutor válido en los ámbitos públicos.