SEXUALIDAD TRANSORGÁSMICA (I parte)

Por Francisco Moreno Téllez

Comprendiendo la sexualidad en occidente:

En el último tiempo se ha comenzado ha hablar insistentemente sobre los métodos extraídos de las tradiciones tántricas y taoístas implicados en una visión trascendente de la sexualidad. En el hombre y la mujer actual existe un interés creciente por conocer y explorar más las múltiples posibilidades de realización y crecimiento latentes en el sexo.

Para comprender a fondo lo que estas culturas milenarias nos proponen, es conviene profundizar primero en la tradición sexual de occidente, ya que de ella proviene nuestro origen y su conocimiento nos dará una comprensión de nuestra cultura y nuestros valores en el presente.

La tradición sexual de occidente hunde sus raíces en la historia, desde los griegos y el desarrollo de la razón, pasando por el cristianismo y la sociedad medieval, hasta la época moderna y posmoderna en la que hoy vivimos. En todas estas épocas se puede afirmar que, a diferencia de oriente, no existió una disciplina como la sexología, que se ocupara de estudiar a fondo los misterios y las posibilidades del sexo1. Lo sexual ciertamente no ha sido considerado un aspecto de la vida digno de estudio y discusión, sino más bien algo que se dejaba para la trastienda –o el dormitorio- ante lo que era preferible callar.

En la formación de la mentalidad occidental tomó mucha fuerza el dualismo, que rápidamente se transformó en dicotomía entre opuestos irreconciliables. Espíritu y alma por un lado, y la materia y el cuerpo por otro. Debido a consideraciones religiosas, el cuerpo y la materia se identificaron con el mal y el pecado, mientras que los aspectos relacionados con el bien se identificaron sólo con el alma. Las tentaciones que apartaban a un hombre del bien, por lo tanto, provenían de los placeres o deseos de la carne, dentro de los cuales los de índole sexual eran los más peligrosos.

La excepción podrían ser ciertas tradiciones esotéricas que sí habrían trabajado el sexo de forma conciente y trascendente.