JUNG Y FREUD

Por esa época Jung leyó La interpretación de los sueños, de Freud, pero sin ahondar en su contenido, al considerar que carecía de experiencia suficiente para comprobar las teorías expresadas por el médico vienés. Por entonces no podía imaginarse la trascendental relación que mantendría con él en un futuro no muy lejano.

Jung se doctoró en psiquiatría y, simultáneamente, fue nombrado médico jefe de la clínica psiquiátrica de la Universidad de Zurich, cargo que siguió ocupando durante años. En 1907 tuvo su primer encuentro con Freud, al que ya había defendido ardientemente, incluso con riesgo para su prestigio académico. La entrevista duró trece horas casi ininterrumpidas, durante las cuales los dos científicos intercambiaron sus puntos de vista, aunque en esa ocasión fuera Freud quien llevó la voz cantante.

La teoría sexual del clínico vienés le impresionó muy profundamente, si bien todavía albergaba ciertas dudas. Freud, por ejemplo, todo lo basaba en la esfera de los sexual. Cuando Jung mencionaba algo que tuviera que ver con un lenguaje espiritual, Freud lo consideraba sospechoso, porque para él en todas esas manifestaciones subyacía siempre una sexualidad reprimida.

En 1909, tanto Freud como Jung fueron invitados a Estados Unidos por la Universidad de Clark para impartir, cada uno por su cuenta, una serie de conferencias. Embarcaron los dos juntos, y durante la travesía Jung se dio cuenta de que el maestro vienés mostraba un carácter muy intransigente. Su teoría de la libido era algo intocable, cosa que no resultaba admisible para Jung. Además, surgieron un par de episodios que mostraron palmariamente la fragilidad psicológica de Freud.

Aunque las diferencias entre ambos se fueron haciendo, poco a poco, más patentes, Jung no quiso enfrentarse con el que consideraba su maestro, el cual se había convertido para entonces en una auténtica celebridad. Según él mismo cuenta, en una de sus obras, en cierta ocasión Freud le pidió muy apasionadamente que nunca desechase la teoría sexual, porque era sumamente importante. "Tenemos que hacer de ella un dogma, un bastión inexpugnable", le dijo. Jung, sorprendido por el tono y las palabras de Freud, le preguntó: "Un bastión, ¿contra qué?". Freud, un poco vacilante, respondió: "Contra la negra avalancha del ocultismo". Poco tiempo después de esa conversación, Jung empezó a trabajar en su teoría del inconsciente colectivo. Con ella se apartaría definitivamente de Freud. Entre los elementos que debían ser estudiados se encontraban los símbolos religiosos, que también son parte de la herencia instintiva del hombre. Pero para Freud la religión sólo tenía un carácter biológico. De ese modo, el puente que unía a los dos sabios quedó roto para siempre.

Jung se hallaba plenamente convencido de su teoría del inconsciente colectivo, y ello le llevó a interesarse por materias que hubiera marginado un psiquiatra convencional.

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