SAINT-GERMAIN Y LA CLARIVIDENCIA

Nuevamente volvió a codearse con los personajes más relevantes de la corte. El mariscal de Belle-Isle, que se hizo amigo suyo le presentó a madame de Pompadour, cuyos salones frecuentó durante algún tiempo. De los años transcurridos entre 1746 y 1758 no existen muchos datos. Se sabe que estuvo largas temporadas en Alemania y que, muy posiblemente, se dedicó a sus trabajos de alquimia. Fue por esa época también cuando se le presentó al rey. Luis XV tampoco pudo sustraerse a la fuerza de la personalidad de Saint-Germain. Uno de los comentaristas de la época ratifica esta opinión al escribir: «El rey escuchaba muy interesado todo lo referente a los viajes que el señor de Saint-Germain había realizado por Asia y África. Además, le atraían las anécdotas que contaba sobre las distintas Cortes, a las que parecía conocer mejor que todos sus embajadores y encargados de negocios.»

Pero uno de los sucesos que determinaron el ascendente que iba a tener sobre el monarca fue la aclaración de un misterio que tenía perplejas a las autoridades policiales de la época. Hacía más de cincuenta años que la desaparición misteriosa de un anciano fiscal del Chatelet, el maitre Dumas, era tema de conversación de todo París. El rey conocía también el caso, por haberlo escuchado de niño, y lleno de curiosidad parece ser que le pidió a Saint-Germain que tratase de aclarar los sucedido. Aunque éste se resistió en un principio, accedió a la petición real, y tras haber trabajado unos días en su gabinete, resolvió el caso gracias a lo que podía ser una notable muestra de clarividencia*.

Es posible que este éxito convenciera a Luis XV para utilizar las dotes de que daba muestras tan evidentes Saint-Germain. Éste probablemente fue enviado a Inglaterra en misión oficial; un cometido que no llegó a cumplirse satisfactoriamente. El conde permaneció algún tiempo en Holanda, protegido por sus compañeros rosacruces, y posteriormente se dirigió a Rusia. Se sabe que en 1762 se encontraba en San Petersburgo. La etapa rusa está llena, una vez más, de suposiciones fantásticas en las que se le hace participar en maquinaciones políticas en las que, con toda seguridad, nada tuvo que ver.

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