CAPÍTULO 2: TODO ESCOLAR SABE...

Biografía de Gregory Bateson

6. Las secuencias divergentes son impredecibles.

De acuerdo con la imagen popular de la ciencia, todo es en principio, predecible y controlable; y si algún suceso o proceso no lo es en el presente estado de nuestro conocimiento, con un poco más de nuestro conocimiento y, en especial con un poco más de habilidad práctica podremos predecir y controlar las variables indomadas.

Esta concepción es errónea, no sólo en los detalles sino por principio. Es incluso, posible definir grandes clases de fenómenos en que la predicción y el control son simplemente imposibles, por razones muy fundamentales pero muy comprensibles. Quizás el ejemplo más familiar de esta clase de fenómenos sea la rotura de cualquier material de superficie homogénea como el vidrio. El movimiento browniano (véase el "Glosario") de las moléculas de los líquidos y, los gases es, análogamente impredecible.

Si yo arrojo una piedra a una ventana, en circunstancias apropiadas, quebraré o romperé el vidrio de manera tal que se formará la figura de una estrella. Si mi piedra da en el vidrio con la velocidad de una bala, es posible que arranque de él un neto fragmento, cónico llamado cono de percusión. Si mi piedra es demasiado pequeña o es arrojada con extrema lentitud, tal vez el vidrio no se rompa. En este nivel, la predicción y el control son muy factibles: fácilmente puedo asegurar cual de los tres resultados he de lograr (la estrella, el cono de percusión o la no rotura del vidrio), siempre y cuando evite arrojar la piedra con fuerza o debilidad excesivas. Ahora bien: dentro de las condiciones que producen la rotura en forma de estrella, me será imposible predecir o controlar el curso y posición que tendrá cada uno de los brazos de la estrella.

Lo curioso es que cuanto más precisos sean mis métodos de laboratorio, más impredecibles serán los sucesos. Si empleo el vidrio más homogéneo que pueda conseguir, pulo su superficie hasta obtener la más exacta uniformidad óptica y controlo lo más minuciosamente posible el movimiento de mi piedra, asegurándome que el impacto sea perfectamente vertical, todo lo que lograré con estos esfuerzos es que los sucesos sean todavía más impredecibles.

Si, en cambio, rayo la superficie del vidrio o bien utilizo un vidrio que ya esté quebrado (lo cual sería hacer trampa), estaré en condiciones de hacer algunas predicciones aproximadas. Por alguna razón que ignoro, la quebradura del vidrio se producirá en forma paralela a la rayadura y más o menos a una distancia de 1/50 de centímetro hacia uno de los lados de aquella, de modo tal que la marca hecha en el vidrio aparecerá sólo en una de las partes en que este queda dividido. Más allá de esa marca, la ruptura se desviará en forma impredecible.

Sometida a una tensión, una cadena se romperá en su eslabón más débil. Hasta ahí es posible predecir. Lo difícil es saber cúal es el eslabón más débil antas de que se rompa. Podemos conocer lo genérico, pero lo específico escapa a nosotros. Algunas cadenas están fabricadas de manera de romperse bajo determinada tensión v en determinado eslabón. Pero una buena cadena es homogénea, y no hay predicción posible. Y como no podemos saber cuál es el eslabón más débil, tampoco podemos saber exactamente cuánta tensión se necesitaré para quebrar la cadena.

Si caliento en una cubeta uniforme un liquido desprovisto de impurezas (agua destilada, digamos), ¿en qué punto aparecerá la primera burbuja de vapor? ¿A qué temperatura? ¿Y en qué instante?

Es imposible responder a estas preguntas si no existe alguna diminuta rugosidad en la superficie interior de la cubeta o alguna partícula de polvo en el líquido. En ausencia de un núcleo evidente como ese para el comienzo del cambio de estado, no hay predicción posible; y como no podemos decir dónde comenzará el cambio, tampoco podernos decir cuándo comenzará. En consecuencia no podemos decir a qué temperatura comenzará la ebullición.

Si el experimento se realiza en condiciones críticas -o sea, si el agua es muy pura y la cubeta sumamente uniforme-, se producirá cierto sobrecalentamiento. Al final, el agua hervirá. Al final, habrá siempre una diferencia que servirá como núcleo para el cambio. Al final, el líquido sobrecalentado "encontrará" este punto diferenciado y entrará en explosiva ebullición durante algunos momentos, hasta que la temperatura se reduzca al punto de ebullición normal correspondiente a la presión barométrica del entorno.

Lo mismo sucede con el congelamiento de un líquido o con el desprendimiento de cristales en una solución sobresaturada. Para que el proceso se inicie se necesita un núcleo, vale decir, un punto diferenciado, que en el caso de una solución sobresaturada puede ser, en verdad, un cristal microscópico.

Ya advertiremos más adelante en este libro que hay un profundo abismo entre los enunciados acerca de un individuo identificado v los enunciados acerca de una clase. Esos enunciados son de diferente tipo lógico, y las predicciones que a partir de unos se aplican a los otros son siempre inciertas. El enunciado "El líquido está en ebullición" es de diferente tipo lógico que el enunciado "Esa molécula será la primera en entrar en ebullición".

Esta cuestión tiene varias especies de relevancia respecto de la teoría de la historia, de la filosofía que está detrás de la teoría de la evolución, y, en general, de nuestra comprensión del mundo en que vivimos.

En lo que hace a la teoría de la historia, la filosofía de Marx siguiendo a Tolstoi, insiste en que los grandes hombres que han sido los núcleos históricos de profundos cambios o invenciones sociales son irrelevantes, en cierto sentido, con respecto a los cambios que ellos precipitaron. Sostiene, verbigracia, que en 1859 el mundo occidental estaba listo y maduro (quizá demasiado maduro) para crear y recibir una teoría de la evolución que reflejase y justificase la ética de la Revolución Industrial. Desde ese punto de vista, el propio Charles Darwin resultaría poco importante. Si él no hubiera publicado su teoría algún otro habría publicado una teoría similar en un plazo de cinco años. De hecho, el paralelismo existente entre la teoría de Alfred Russel Wallace y la de Darwin parecería, a primera vista, confirmar esta opinión [v] .

Los marxistas, según yo los entiendo, dirían que debe haber un eslabón más débil que bajo las fuerzas sociales [vi] o tensiones apropiadas ciertos individuos serán los primeros en iniciar una tendencia, y que no importa quiénes sean.

Pero, por supuesto, importa quién inicia la tendencia. Si en vez de Darwin hubiera sido Wallace, hoy tendríamos una teoría de la evolución muy diferente. Como resultado de la comparación de Wallace entre la máquina de vapor con regulador automático y el proceso de selección natural, el movimiento cibernetista habría tenido lugar cien años antes. O tal vez el gran paso teórico se hubiera dado en Francia a partir de las ideas de Claude Bernard, quien a fines del siglo XIX descubrió lo que más tarde se dio en llamar la homeostasis del organismo. Bernard observó que el milieu interne, el medio interno, estaba equilibrado o se auto-corregía.

Sostengo que es una tontería afirmar que no importa qué individuos actúan como núcleo del cambio. Esto es precisamente lo que hace impredecible lo historia del futuro. El error marxista es un simple desacierto grosero en tipificación lógica, una confusión del individuo con la clase.