Ximena Santa Cruz Bolívar
Psicóloga Universidad de Chile
SANTIAGO DE CHILE
Isabel La Católica 3828- LAS CONDES
FONO: 056-02-4187265
La pareja es el punto de partida de una familia y como
grupo humano es de gran importancia para el buen desarrollo
de la vida familiar. Al principio de la historia de la
familia, cuando aún no existen los niños,
la pareja es claramente identificable y muy valorada.
A medida que pasa el tiempo y con el nacimiento de los niños
la pareja va quedando postergada ya que los adultos están
constantemente en su rol de padres. Esto trae consigo dificultades
entre los miembros de la pareja que afectan finalmente a todo
el grupo familiar.
Las dificultades generalmente dicen relación con la
falta de espacios (tiempos y privacidad) para estar juntos
para conversar, pololear y compartir experiencias como pareja
(como lo hacían durante el pololeo). Esto puede afectar
incluso la vida sexual de la pareja provocando muchas veces
problemas difíciles de resolver.
Es de vital importancia que la pareja no pierda sus espacios
y que los padres descansen de su rol de padres para estar juntos
como pareja. Una familia que mantenga claramente los espacios
para la pareja, tiende a tener menos dificultades en sus relaciones
familiares e interpersonales.
Cuando la pareja se forma, cada uno de los miembros
tiene su estilo de vida, costumbres y formas de vivir
en familia provenientes de su familia de origen,
con la cual ha vivido su historia familiar hasta
ahora. En esta etapa ambos deben ser capaces de negociar
para establecer una nueva y propia forma de vivir
en familia y en pareja, con elementos que cada uno aporta
de sus experiencias familiares anteriores.
En esta etapa las expectativas que cada uno tiene sobre
cómo
debería comportarse el otro, tienden a complicar la
convivencia diaria, trenzándolos en pequeñas
discusiones sobre lo cotidiano que afectan la relación.
Para resolver estas dificultades habituales la clave está en
entender que el otro no es como yo espero que sea y que las
diferencias son la base de esta convivencia que se inicia.
A la luz de estas serán capaces de ir llegando a acuerdos
comunes sobre cómo se van a hacer las cosas. El amor
que ha unido a la pareja permitirá ceder ante los desacuerdos
y aceptar costumbres y conductas que antes no habrían
aceptado. La definición en conjunto y el respeto por
el otro (este otro que es distinto a como yo esperaba) son
los aspectos fundamentales para una convivencia más
armónica y grata en esta nueva pareja, en esta nueva
familia.
La vida de pareja involucra también la necesidad de
espacios personales para cada uno de sus miembros. Esto significa
que cada uno tenga espacios de tiempo para desarrollarse como
persona y aportar elementos nuevos para enriquecer la relación.
Esto genera muchas veces temor de perder al otro cada vez
que este intenta buscar estos tiempos para sí mismo, pero
el miedo inicial desaparece en la medida que la pareja es capaz
de establecer relaciones más profundas y significativas.
Es fundamental que esto pueda darse en ambos miembros de la
pareja para que no surjan sentimientos de desigualdad e injusticia
ante la posibilidad de contar con estos espacios personales.
Existen algunas parejas que establecen relaciones simbióticas
(en las que ambos son como uno solo) que generalmente determinan
un estilo de vida solitario, con pocas amistades, y en las
que cada uno depende del otro. El riesgo de estas relaciones
es la soledad de la pareja frente al mundo externo y el rigidizarse
demasiado en este estilo de vivir hacia el interior de la familia
y la pareja. Esto también puede ser vivido por alguno
de los miembros como una pérdida de su identidad personal,
provocando sentimientos de rabia y frustración difíciles
de enfrentar para ambos.
La expresión del afecto es uno de los aspectos fundamentales
de la vida de pareja y en cierto modo define la opción
de vivir juntos. Por lo general un hombre y una mujer hacen
su opción de vivir en común en base a la necesidad
de estar juntos y de expresar su amor.
En la medida que la relación va asentándose prevalecen
las manifestaciones de afecto pero surge un nuevo universo
de experiencias afectivas: el ser padres. Así las manifestaciones
de afecto (besos, caricias, actos de ternura entre ambos),
que tanta importancia tienen para la vida de la pareja, deben
además ser compartidas con la expresión de afecto
hacia los hijos. Los actos de ternura y amor del uno hacia
el otro no solo son importantes para la pareja sino que constituyen
un modelo de relación que genera gran seguridad y confianza
en los hijos. Ello además fomenta un aprendizaje de
formas de expresar afecto propias para cada familia.
Las expresiones de amor y afecto constituyen un lenguaje
común
entre los miembros de la pareja, que permite que cada uno externalice
sus emociones y sentimientos. Esto genera una mayor profundidad
y confianza entre ambos. Los espacios de comunicación
afectiva son fundamentales para la pareja y permiten además
mejorar la vida sexual, ligándola a la afectividad.
A lo largo de la vida de la familia,
la pareja debe vivir múltiples
cambios propios de las etapas de vida que están pasando.
A pesar de los cambios en su relación con los hijos
o con el contexto social y laboral, la pareja debe adaptarse
a los cambios individuales del otro (crisis de cada edad, problemas
laborales) y a los desafíos de cada etapa de la vida
familiar (hijos pequeños, adolescencia, salida de los
hijos de la casa, nacimiento de los nietos, etc..).
En este aspecto es de gran importancia la capacidad de la
pareja de seguir teniendo una vida afectiva en que ambos
compartan sus experiencias, dolores, frustraciones, éxitos y felicidad.
El apoyo que se brinden el uno al otro es de vital importancia
para enfrentar las dificultades habituales que viven todas
las familias como producto de cada etapa vital que les toca
vivir.
La pareja está inevitablemente influida por las expectativas
culturales que existen sobre la conducta esperada para los
hombres y para las mujeres. Es así como las mujeres
deben, según lo estipula nuestra cultura, hacerse cargo
de una serie de tareas asociadas a los niños y a la
casa que definen su rol de esposa. Por otra parte los hombres
deben hacerse cargo de la mantención económica
de la familia y de la protección de esta. Hombres y
mujeres validan y aceptan estas creencias.
Asociados a estos roles están ciertas conductas y actitudes
que, si se rigidizan tienden a generar dificultades y problematizar
a la pareja en su convivencia. Cuando las parejas son capaces
de flexibilizar estos roles y compartir las tareas (no importando
a quien corresponde culturalmente su realización), la
convivencia mejora y se pueden enfrentar sin dificultades los
pequeños detalles propios de la convivencia en pareja.
Cada pareja deberá resolver a su modo qué compartir
y cómo hacerlo.
Este último aspecto es de vital importancia ya que influye
sin duda en el clima afectivo de la pareja y constituye el
modelo que los hijos seguirán en su propia vida.
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