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EL DESARROLLO DE LA SEXUALIDAD Y LA FAMILIA

Ximena Santa Cruz Bolívar
Psicóloga Universidad de Chile

SANTIAGO DE CHILE
Isabel La Católica 3828- LAS CONDES
FONO: 056-02-4187265

Etapas en el desarrollo social y sexual de los niños

1.- De 0-1 años

La sexualidad en los primeros meses de vida está ligada a la relación con sus padres y a la actitud que ellos tengan frente a la satisfacción de sus necesidades biológicas y de cuidado.
Cuando el bebé vive a través de los cuidados de los padres, el amor y el contacto afectivo, necesario para su estimulación, el niño desarrollará una sensación de confianza básica que fomentará un buen desarrollo de su vida social y sexual. La actitud de los padres es fundamental en esta primera etapa, ya que determinará la seguridad de los niños, elemento básico para el desarrollo de su identidad.

2.- De 1 - 3 años 6 meses

La segunda etapa está caracterizada por aprender a caminar, hablar y avisar sus necesidades. En este periodo el pensamiento del niño se enriquece enormemente y va construyendo su visión del mundo en relación a su vínculo con su familia.

Estas nuevas capacidades los hacen sentirse más capaces de desenvolverse en el mundo para explorar nuevas experiencias. En esta etapa se oponen a las normas y restricciones que los padres les fijan, como una manera de afianzar su independencia e identidad como una persona distinta de los demás.

Es un período de necesidades contradictorias: por una parte el niño requiere de independencia para conocer el mundo y por otra tiene una enorme necesidad de protección y afecto por parte de la familia. Los padres deben procurar aceptar y equilibrar estas dos tendencias en su relación con el niño.

En esta etapa los niños experimentan sensaciones placenteras al retener y evacuar la orina y los excrementos, así como en observar y tocar sus genitales y deposiciones. Todo esto constituye la forma en que los niños van aprendiendo a reconocer su cuerpo, sus necesidades y sensaciones de placer.

3.- De 3 años y 6 meses - 6 años

La tercera etapa se caracteriza por la capacidad de explorar el mundo a nivel físico, de las percepciones, imaginación y el lenguaje.

Es un período lleno de emociones positivas y vitalidad lo que les permite vincularse muy bien con su familia y amigos.

Descubren en este proceso su sexualidad de manera más activa y consciente. Es el período de los enamoramientos del padre del sexo opuesto ("complejo de Edipo" y "complejo de Electra") que permiten la identificación de la imagen sexual de sí mismos.

Están constantes juegos y es a través de estos que aprenden a relacionarse con otros y a ensayar sus roles sociales. Los juegos sexuales y de roles son claves para que los niños se identifiquen con su sexo (ya se sienten como hombres o mujeres).
Los padres pueden ser de gran ayuda en la medida que permiten que estos juegos se den y no descalifiquen a los niños por presentar algunas conductas, que para ellos, corresponden al sexo opuesto. Los niños van regulando de manera natural estas conductas imitando a los padres del mismo sexo y en la siguiente etapa se produce una diferenciación muy marcada entre hombres y mujeres, que permitirá afianzar la identidad sexual de los niños.

4.- De 6 - 9 años

Esta cuarta etapa se inicia con el primer estirón, la caída de los dientes y la salida de los dientes definitivos. Es una etapa en que el crecimiento físico va equilibrándose con el desarrollo afectivo, permitiendo en los niños que surja el interés por conocer y saber sobre el mundo y sus fenómenos. Esto favorece el aprendizaje escolar y el desarrollo de habilidades culturales.

Son capaces de motivarse y concentrarse en el logro de tareas. Están constantemente modificando la imagen de si mismo de acuerdo al reconocimiento o la descalificación que reciben de los adultos. En este momento es fundamental la actitud de aceptación y apoyo de los adultos hacia ellos.

El interés sexual se centra en el conocimiento del cuerpo, de los órganos y la procreación. Se dan los juegos sexuales mixtos o con niños del mismo sexo, predominando aquellos que tienen que ver con sentirse poseedores de una imagen de niño o niña. Es una etapa clave en la formación de la identidad sexual, ya que en la escuela y el barrio se van dando las diferenciaciones y separaciones por sexo. Los niños se juntan con niños y las niñas con las otras niñas (Club de Tobi o de la pequeña Lulú), así se van diferenciando del otro sexo e identificando con sus iguales.

En esta etapa además influyen enormemente los valores e imágenes que la familia y la sociedad le presentan sobre cada sexo. Es por ello un gran desafío para los padres y educadores el trabajar en esta etapa para afianzar cambios que tiendan hacia una mayor equidad entre los sexos.

5.- De los 10-14 años

A partir de los 10-12 años se producen importantes cambios biológicos asociados a la sexualidad del niño. En esta etapa se activan las hormonas sexuales.

Estas hormonas son las que determinaran los cambios físicos y psicológicos que determinarán luego la sexualidad reproductiva.

El primer cambio lo constituye el crecimiento acelerado del cuerpo. El joven se siente torpe y le es difícil controlar su cuerpo.

En seguida surgen una serie de cambios de forma: a las niñas le crecen las caderas, los pechos, le salen los primeros vellos en la pelvis y a los jóvenes: les cambia la voz, les crecen los genitales y les salen los primeros vellos en el pubis. Hay grandes cambios en la apariencia, dejan de parecer niños para presentar características que los asemejan a los adultos. Sin embargo psicológicamente no han madurado aún, en muchos casos se sienten todavía niños.

Es la etapa de los primeros actos de independencia y rebeldía con los padres. Se inicia la incorporación paulatina a los grupos de iguales, que se intensifica en la adolescencia. Por lo general las niñas se desarrollan antes que los niños, provocando una distancia entre los jóvenes de los distintos sexos.

6.- De los 14-20 años o más

En este período se alcanza la madurez biológica, psicológica y social, que los sitúa en calidad de adultos.

La familia puede ser determinante en la forma que el joven enfrente su nuevo rol frente a los otros.

Es una etapa que abarca un largo período que se caracteriza por emociones contradictorias, y luchas de un polo a otro. Por un lado el joven tiene características y conductas propias de los niños y vive a la vez sensaciones de adulto y demandas sociales acordes a su apariencia de adulto. Es así como el despertar a la sexualidad reproductiva y la necesidad de autocontrol, se contraponen a los momentos de soledad y aislamiento; el disgusto con sigo mismo y el resto del mundo coexiste con el desarrollo de ideales y proyectos futuros; etc...
Durante la adolescencia la tarea central consiste en buscar una identidad propia, superando todas las dificultades y conflictos que ello le trae. Los conflictos se dan de distinta manera y con diferente intensidad en cada joven.

Cuando la familia lo apoya afectivamente y valida las soluciones y alternativas que él encuentra, este proceso será armónico y fácil. Por el contrario si el joven se ve presionado y empujado a resolver los conflictos según definiciones de sus padres y no las propias, es probable que la relación tienda a una lucha de poder entre ambas partes (el típico caso del adolescente rebelde).

Es necesario recordar que en los inicios de la adolescencia los jóvenes operan egocéntricamente, pero luego irán resolviendo su las etapas de su vida afectiva (a medida que van definiendo su identidad), tendiendo a la solidaridad, y la construcción de proyectos futuros de vida en los cuales se involucra a otros.

En los últimos años de adolescencia deben aprender a separarse de sus padres, construyendo redes de amistad sólidas que permitan suplir algunas necesidades que antes satisfacían los padres. Es el período en que se revisan los roles parentales. Es el tiempo en que los jóvenes hacen duras críticas hacia sus padres y hacia la sociedad.

Es el momento en que los adolescentes comienzan a establecer relaciones de pareja a través de los pololeos. Es de fundamental importancia que los jóvenes tengan claras las expectativas que sus padres tienen respecto al inicio de su vida sexual (cuando, con quién o qué pareja, dónde, con qué prevención del embarazo o enfermedades venéreas, etc.) y que los padres sean capaces de acordar normas y reglas respecto a estos aspectos. En la medida que las reglas están claras los jóvenes podrán hacer sus propias opciones respetando, mientras vivan con los padres, los valores y normas que la familia ha posee.



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